La batalla de los deberes

En las últimas semanas se ha reabierto un frente difícil de atacar:  beneficios y perjuicios de los deberes.

No pasa desapercibido que en nuestro país, los niños (y no tan niños) dedican una cantidad exagerada de horas para hacer los deberes que sus maléficos profesores les encargan. Me declaro como el primero de esos malvados torturadores que le encargan tareas para casa a sus pequeños alumnos.
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Por un lado encontramos en esta “guerra” a un importante bloque de padres, profesores y equipos directivos que consideran que los deberes no son tan malos como tratan de presentarlos. Después de todo, de pequeños nosotros también teníamos que hacer deberes y no hemos crecido traumatizados….

En el otro bando, con poderosas armas como comparativas con el resto de los países y resultados del informe PISA, encontramos a más familias, bastantes menos profesores y eso si, casi todos los estudiantes.

Y ahora es cuando viene mi punto de vista. Es cierto que en el pasado todos nos hemos llevado deberes para casa pero también es cierto que (tal y como dice mi buen amigo y profesional Alfonso P. I.), “antes la gente se moría de un resfriado”. La cantidad de deberes que se imponen hoy en día, solo nos puede recordar a esa fantástica escena del cine en blanco y negro en la que Groucho Max, no paraba de pedir “más madera”. Es como si en algunos casos los profes sintiesen placer al imaginarse a sus discípulos sentados en sus casas delante de una montaña de deberes…
¿Con esto quiero decir que los deberes sean malos? NO. Simplemente trato de decir que la belleza esta en la mesura y que hay que presentar las tareas que mandamos para casa como algo atractivo.

El pasado curso, durante la sustitución que hice en el Altamira (centro en el que tengo buenos amigos y al que le estoy agradecido de corazón), mandé deberes, bastantes deberes. Una semana les encargue a mis alumnos que ellos mismos, no sus padres, se inventasen una báscula, la siguiente semana tuvieron que fabricar un ábaco,… Y además todos los fines de semana se llevaban ejercicios de lengua y matemáticas, que consistían en puzzles imposibles de solucionar sin resolver las operaciones que les daban la clave. No contento con ello, un alumno en concreto tenía problemas con su grafía, todos los días tenía que escribir un cuento inventado por el mismo. ¿El resultado? Alumnos con la mayor parte de la tarde libre que no eran conscientes de hacer deberes, si no de resolver retos y desafíos. Las tareas nunca requerían más de 30 minutos diarios (incluyendo el  tiempo de estudio), eran motivadoras y personalizadas y además se divertían resolviendo puzzles, colgando vados de yogur de una percha o fabricando una veleta.

En conclusión, los tiempos han cambiado, la niños también y los docentes debemos de potenciar ese “elemento” del que Sir Ken Robinson habla para sacar lo mejor de cada alumno y si bien es cierto que el actual sistema no permite personalizar mucho la educación en el aula, siempre se pueden buscar actividades que alienten las inquietudes de los estudiantes.

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2 Comments

  1. susana

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    Bien es cierto que todos los profesionales hoy en día deben actualizarse, da igual el séctor en el que se encuentren… el ser humano vive en continua adaptación y para mi este es un punto más de actualización del profesorado a los nuevos tiempos, tecnologías o simplemente a la sociedad en la que vivimos….
    No por eso se van a dejar de hacer deberes, pero si, quizás aprovechando la tecnologia y los nuevos intereses de los peques hacer cosas que les motiven que es la clave del aprendizaje, y como tu bien dices, no hace falta muchas veces, más que papel y pegamento… e imaginación !! …. yo entiendo que eso supone que los profes le deis al coco y muchos seguro que ya ni les apetece, pero , de verdad, creo que es una cuestión de adaptación a la era en que vivimos, como todos los profesionales deberíamos hacer ….

    En fin, Oscar, ojalá todos los profes estuvieran tan motivados e involucrados en la educación de sus alumnos como tu ! Estais enseñando a futuros presidentes, cirujanos, médicos…

    • Administrador
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      Tal y como dices, “renovarse o morir”… Evidentemente, la tecnología nos permite ofrecerle a nuestros alumnos un abanico de actividades mucho más amplio que el que tuvimos nosotros.
      Y con respecto a tu último párrafo, se que los chavales que hoy son mis alumnos, en unos años serán el mecánico que arregle mi coche, el banquero que gestione mi hipoteca (el sueldo de maestro no da para pensar en ahorros) el cardiólogo que me revise y evidentemente los políticos que decidan por mi, así que siempre he tenido claro que hay que darles la mejor formación posible, pero ante todo educarles en unos sólidos valores éticos y en una visión crítica que les haga grandes personas.

      ¡Muchísimas gracias por tus palabras!

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