De la correcta formación del profesorado

Ha comenzado un nuevo curso y todos los profes nos hemos ilusionado por conocer a nuestros nuevos alumnos. Si como estudiante te preocupa quienes serán los profesores que tendrás el próximo curso, cuando las tornas cambian, esa preocupación es mucho mayor. Cierto que escuchas cosas por los pasillos, que te informan los profesores del curso anterior sobre tu nuevo grupo y que después de todo, los niños son niños,  todos iguales ¿no?

Viene aquí el primer error: dar por hecho que todos los alumnos son iguales. ¿Acaso en tu trabajo o incluso en tu familia todos sois iguales? La respuesta es evidente: NO. ¿Por qué iban a ser entonces iguales todos los niños?

Despejado el primer error llega el segundo: en la carrera, te venden una metodología enfrascada que te vale para trabajar con el alumno estándar. ¿Alguien puede definir lo que es un “alumno estándar”? Prosigamos… Sales de la carrera con ganas de comerte el mundo y de que algún día tus alumnos se suban encima de un pupitre y al mirarte, te digan eso de “oh capitán mi capitán”. Entonces es cuando llegas al colegio y te das cuenta de que no eres Robin Williams (imagino que a mis amigos abogados les pasará lo mismo cuando en la carrera se imaginaron preguntando si “¿ordenó usted el código rojo?”). Consigues captar la atención de tus alumnos o al menos de la mayoría y si elegiste esta profesión por vocación, te preguntas por qué algunos no te siguen y es entonces cuando recuerdas que en una reunión previa te dijeron que tenías un alumno con TDAH, otra con dislexia,..

Salvas el día lo mejor que puedes y pensando por qué no te formarían en las cosas realmente importantes. Al llegar a casa, tratas de hacerte un “máster” de una tarde en familias desestructuradas, alumnos de nueva incorporación, 22q, TEA (“autismo”),… o las necesidades que tengan tus alumnos y no deja de venirte a la cabeza aquellas horas de la carrera a las que les habrías sacado más provecho durmiendo un par de horas más. Ojo, con esto no quiero desprestigiar a mis profesores, a quien quiero desprestigiar es  a ese fantástico plan de estudios que deja más sombras que claros. A esas mentes brillantes que dedican tantas horas a hacer los programas universitarios: ¿alguna vez le ha dado por entrar en un aula unos cuantos meses y valorar las necesidades reales que van a tener los futuros docentes?
En conclusión y a mi forma de ver: estamos en una sociedad que se preocupa mucho de los resultados académicos de sus alumnos, pero poco de la forma en la que aprenden y de la formación que ha recibido la persona que pone su granito de arena en su educación

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1 Comments

  1. Yolanda

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    Gracias por esta reflexión sobre la educación desde el punto vocacional,más que desde el profesional. Especifico estos dos puntos: el último hace alusión a que hacemos lo que sabemos, pero el primero hace que intentemos llegar más allá del mínimo exigido para cobrar un sueldo a final de mes.
    Así que, como madre de una niña con síndrome 22q, gracias por tu forma de pensar y por compartir tus ideales para intentar cambiar un poco la visión del mundo.

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